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El campo se acaba
Javier Santos - Tribuna
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Mayo 23, 2011
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Aquí en las Palmas la vida conserva todos esos rasgos rurales que  parecen aferrarse a no irse, pero  en la realidad cada día muchos de ellos venden sus tierras por incosteables a fraccionadores de tierras que utilizan coyotes. Entonces, donde antes había sandía, frijol o mangales, hoy nacen “casas”.

A orillas del camino se ven veredas que dan a casas de descanso o fraccionamientos, han desaparecido aquellos letreros que decían: “vendo lotes”.

Don Jesús Palacios, quien presidiera Fomento Agropecuario  en el trienio  pasado, no tiene  la menor duda de que la superficie cultivable ha ido descendiendo con el paso de los años, provocando ya una dependencia  de productos que podría acentuarse en los próximos años.

“Yo creo que el que se acabe la zona agrícola aquí en Vallarta es el riesgo en todas partes de que luego no seamos suficientes en nuestra producción de alimentos”, de ahí que resulta riesgoso que “tengamos que estar trayendo más todavía de lo que traemos de otros lados. Aquí éramos un productor muy fuerte de frijol, de maíz, de sorgo, de  sandía, pero si las aéreas cultivables se siguen reduciendo poco a poco vamos ir produciendo menos”.

Lo  que se produce actualmente en este puerto es poco ya. “De por sí ahorita tenemos que traer de fuera muchos productos de consumo, ya que la variedad es cada vez menor”.

Los campesinos parecen estar atrapados en vender sus tierras alentados por la codicia de los fraccionadores que ven que esa área es para donde la mancha urbana crece de  manera inexorable.

Don Jesús Palacios no está muy convencido de que los campesinos vendan sus tierras por incosteables, lo que hace falta, señala, es tecnologizar el campo y al mismo tiempo que sean organizados y disciplinados.

Los ejidatarios a veces venden sus tierras “en abonitos, que hasta cierto punto el comprador de un lote se haga de algo para un futuro, pero comprando un problema, porque es muy difícil regularizarlo a través del procedimiento, ya que el ejido muchas veces no lo hace”, dice Edith Pérez, jefa de Residencia de la Procuraduría Agraria en Puerto Vallarta, quien señala que aún quedan terrenos, pero reconoce no tener un diagnóstico real del número de hectáreas cultivables que ha ido despareciendo.

Edith menciona que en los ejidos del Coapinole, Puerto Vallarta, Las Juntas, Ixtapa, El Colexio, el Ranchito y Las Palmas son zonas “donde se han dado mucho los asentamientos irregulares derivados de que hay muchos fraccionadores que no cumplen con la norma para hacer fraccionamientos regulares, muchos no cuentan con servicios de agua, luz y drenaje.

Solamente los ejidos Las Juntas, Copainole y Puerto Vallara están regularizando algunos de esos fraccionamientos,  mientras que Las Palmas “no tiene hasta ahorita una autorización de la asamblea, ni siquiera para adoptar dominio pleno cuando ya muchos parceleros vendieron las tierras a fraccionadores para lotificarlas” y posteriormente comercializarlas, señaló.

Todo esto puede convertirse un “un fraude para la persona que compra de buena fe, porque le están vendiendo nada más un documento, pero si al rato la asamblea dice: ‘tú no puedes establecer dominio pleno’”, reconoce la funcionaria, quien  agrega  que hay casos donde una persona vende hasta dos o tres veces su terreno.

Muchas veces los fraccionadores que están al acecho de las mejores tierras “ni siquiera pagan al contado los predios, se les exige un poder para amarrarlos y muchos no les terminan de pagar. Al parcelero le vienen dando cualquier cantidad de dinero. Aquí el que se viene beneficiando con esas ventas son los fraccionadores, los ejidatarios quedan bailando”.

Lo cierto es que las tierras cultivables se van acabando “Todo lo que llega aquí: tomate, cebolla, chile, melón, viene de afuera”, dice Herlinda, dueña de un negocio en el mercado Emiliano Zapata.

Entre coyotes y problemas

Los canales de comercialización de productos agrícolas se encuentran muy reducidos, lo que afecta a los campesinos locales, dijo Jesús Palacios.

“Lo acaparan gente que viene de otros lados, los intermediarios son los que  imponen precios y condiciones de venta, pero eso se puede subsanar organizándose los productores, ya ha habido intentos para hacerlo, pero desafortunadamente no han prosperado”.

Recordó que en Las Palmas hubo un intento interesante de aglutinarse en una asociación Cooperativa con la intención de modernizar sus sistemas de cultivo para  incrementar  su productividad, luego instalar una propia planta de cribar, limpiar y embolsar el frijol con una marca y código de barra propio para distribuirlo directamente. Este proyecto fracasó a pesar de que se contaba con muy buenos apoyos federales que iban a fondo perdido superior a los dos millones en maquinaria y  financiero por más de cinco millones de pesos. Después hubo problemas entre productores y ya no avanzó el proyecto, finalizó.



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